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Mitos y leyendas

Leyenda Selk'nam

Tenía como ser supremo a Temáukel, que significa "aquel allá arriba", creador del hombre, animales y plantas. Era eterno y con el van las almas de los muertos.
Envió a la tierra a Kenós que entregó la isla grande a los selk'nam y les enseñó a vivir en comunidad.
En los barrancos oscuros cubiertos de líquines vivía un espíritu temido llamado Jachai.
Los Yosi eran sátiros peludos que solían raptar a las mujeres.
Hashe: Espíritu de los árboles secos y Quemanta el de los vivos, que también atemorizaba a las mujeres.
Ketterrnem se acercaba a las chozas a contemplarlas pero no era temido.
Huepen Mhen era el señor de las montañas y Fosha una diosa del aire que vivia en los bosques.
Akainik era la diosa del arcoiris y su hermanastra Kra era la mujer-luna que odiaba y devoraba a los hombres.
Tano: diosa maligna del mundo subterráneo.
Oeming: espíritu del cielo.
Short, que tenía dos cuernos en la cabeza era el espíritu de las piedras blancas.
Kran: hombre sol. Excelente cazador.

DE COMO LOS GUANACOS SE VOLVIERON SALVAJES
Dicen que hace mucho tiempo los guanacos eran amigos de los onas y vivían entre ellos como hoy las ovejas, dejándose guiar por los hombres y acariciar por los niños. En esa época nadie tenia la necesidad de salir de cacería, porque bastaba sacrificar un ejemplar del propio rebaño cuando era menester.

Hasta que un día el gran Kuanip castigó injustamente a un guanaco de su propiedad y este escapó al bosque, donde fue convencido por el zorro de la maldad de los hombres y de los beneficios de la libertad.

El guanaco reunió a todos sus compañeros, que resolvieron hacerse montaraces y evitar desde ese día el contacto con los humanos. Y como al escapar a zonas alejadas todos los guanacos pasaron por un terreno de arcilla amarillenta su pelaje quedó teñido para siempre de ese color.

 
Leyenda Yámana
Había una vez una muchacha joven que se alejó de su casa en Wujyasima y se encaminó sola hacia la meseta, donde se puso a jugar, corriendo tras las olas en reseca y retrocediendo ante los rompientes. Un viejo lobo marino enamorado la observaba sin ser visto, y cuando una ola grande la volteó, se encontró ella con el animal a su lado. Como todas las mujeres yaganes, la muchacha era una gran nadadora, y por lo tanto intentó escapar. Pero manteniéndose entre ella y la playa y obligándola a alejarse cada vez mas de la costa, el lobo marino consiguió por fin extenuarla y ella se vio obligada entonces a apoyarse en el pescuezo del animal.
Ahora que su vida dependía de él, la muchacha empezó a sentir simpatía por su extraña escolta. Nadaron juntos durante muchas millas hasta que llegaron a una gran roca donde había una caverna. La mujer sabia que no podría volver jamas a su casa por sus propios medios, así que decidió aceptar lo inevitable y convivió con el lobo marino en la caverna. Éste le traía peces en abundancia, y como no había fuego, ella se los comía crudos.
Después de un tiempo tuvieron un hijo. Parecía un ser humano, pero estaba cubierto de pelos, como las focas. El niño creció rápidamente, y era un buen compañero para su madre, especialmente después que aprendió a hablar, cosa que nunca consiguió el viejo lobo marino. Sin embargo, era tan bueno y amable que la mujer había llegado a quererlo mucho.
No obstante, ella deseaba con toda su alma ver una vez mas su tierra y su gente. Se las arregló para que él entendiera su deseo, y un buen día los tres partieron para Wujyasima. A veces la madre y el hijo nadaban al lado de su protector, otras, él los empujaba por el agua a gran velocidad y a ratos iban montados sobre su lomo.
Por fin, llegaron a la meseta de ripio. El lobo marino se arrastró fuera del agua y se echó a descansar bajo los templados rayos del sol, en tanto que la madre, con su extraño hijito de la mano se encaminó a Wujyasima. En el pueblo se encontró con algunos parientes, que desde hacia mucho la daban por muerta. Grande fué su sorpresa cuando la mujer les contó su historia y el absurdo pequeñuelo les interesó sobremanera.
Después que se hubo tranquilizado el ambiente, las mujeres del pueblo propusieron ir en cano hacia el Este en busca de mejillones de aguas profundas y de esos erizos del mar, que tienen el tamaño y la forma de manzanas achatadas y cuyo duro cascaron está cubierto de rígidas púas que parecen clavos. La joven madre mas acompaño en la excursión, en tanto que los hombres y los niños quedaban en el campamento.
Los niños empezaron a jugar y el pequeño visitante se unió a ellos con orgullo. Los hombres, sin embargo, deseaban comer carne, y como sabían que había una foca en la playa, tomaron sus lanzas y se acercaron al viajo lobo marino y lo mataron. Cargados de carne, volvieron al poblado y asaron la carne. Los niños olfatearon el delicioso aroma de foca asada y no tardaron en reunirse alrededor del fuego. Cuando llegó el momento de distribuir la carne, se le dio también un pedazo al joven visitante, quien, después de probarla, grito encantado -Amma sum undupa (Es carne de foca).
Comiendo aun, echó a correr por el camino para reunirse con su madre, que volvía en ese preciso momento. El niño corrió hacia su madre y le ofreció el ultimo pedazo de carne que le quedaba diciendo que era muy sabrosa. Ella inmediatamente se dio cuenta de lo que había sucedido. Sacó un erizo de su canasta y golpeó con él a su hijo en la frente. El niño cayó en el agua profunda, e instantáneamente transformado en suyna, el pez de las rocas, se alejó nadando.
Las demás mujeres se dirigieron a las chozas para saborear la carne de foca asada, pero la madre se negó a comer y sola lloró al hijo perdido y al viejo y bondadoso compañero. Nunca volvió a casarse con ninguno de los de su raza.
Si se examina un syuna se advertirá que su cabeza es achatada y está marcada con los hoyitos que dejaron las púas del erizo de mar, lo cual basta y sobra para probar la veracidad del cuento."
(Lucas E. Bridges)
 
Mito Haush
Ksorten es un espíritu varón, muy malo, que vive en las entrañas de la tierra. Cuando esta cerca de los toldos, echa mano de los canastos, y con ellos pega a las mujeres, especialmente a las mas caprichosas ; motivo por el cual estas lo temen mucho, y, cuando lo ven, se encierran en el toldo, tapándose la cara y los ojos con la capa. Al contrario, los niños, asustados, huyen."
 
Emperaire ha estudiado les espíritus alakalufes : Ayayema [quien] "cuando impone su presencia maléfica en los sueños, en las enfermedades, es preciso cambiar de campamento y emigrar a otra playa" ; Kawtcho, el espíritu rondador de la noche, caminando bajo tierra durante el día ; Mwono, espíritu del ruido rondando por las montañas y los glaciares. Mientras Emperaire expusó que "la existencia de un ser superior bueno no tiene prácticamente lugar en la vida religiosa de los alacalufes", unos misioneros, como A.de Agostini, pensaban que los alakalufes creían en un ser bueno invisible, Alp-láyp, al cual le daban gracias cuando tenían copioso alimento, y a un ser malo, Alel-Cesislaber, un gigante que se llevaba las personas que cruzaba.
 

Los yaganes creían que en el pasado las mujeres habían gobernado por su magia y astucia. Según lo que ellos mismos contaban, hacia relativamente poco tiempo que los hombres habían asumido el mando. Parece que se había llegado a esto por mutuo acuerdo ; no hay indicio alguno de una matanza total de las mujeres como la que ocurrió entre los onas, a juzgar por la mitología de esta tribu. No muy lejos de Ushuaia quedan restos de lo que una vez fue una vasta población, donde se efectuó una asamblea de indígenas como jamas se vio ni se vera igual. Fué durante esa reunión cuando los hombres decidieron hacerse cargo del mando.

 
Los Alakalufes creían que los buenos después de su muerte van a un bosque delicioso, a comer hasta hartarse de todo lo que les gustaba durante la vida, mientras los malos son precipitados en un pozo profundo de donde no pueden salir mas.
 
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